Todos quienes tenemos un jardín, una huerta o una plantación, hemos tenido que enfrentarnos a la amenaza que representan los caracoles. Junto a otras plagas, como las babosas, el caracol puede destruir en poco tiempo gran parte de nuestro trabajo con las plantas.
En el mercado podemos encontrar una gran variedad de molusquicidas químicos para exterminarlos sin dificultad y a costos reducidos. Nosotros claramente no estamos a favor de matar caracoles y tampoco estamos de acuerdo con los químicos que venden para exterminarlos. Existen otros métodos de control que te podrían traer algunas ventajas:
Efectos impredecibles, el caracol existe desde antes de la época del Imperio Romano, pero poco se conoce aún de su comportamiento y de su rol e interacción con el entorno, por lo que la erradicación indiscriminada puede tener un efecto impredecible sobre la ecología de los cultivos y sectores aledaños.
Químicos, si bien algunos productos son tóxicos exclusivamente para caracoles y babosas, otros resultan atractivos y perjudiciales para la fauna doméstica y nativa.
Potencial comercial, los caracoles son vistos por muchos como un problema, pero son en realidad un producto de gran potencial comercial. Más allá de que su reciente “boom” que ha generado un importante mercado de cursos, insumos e iniciativas con promesas incumplidas y expectativas exageradas, lo que ha desprestigiando la actividad.
En Chile el consumo del caracol como alimento es casi inexistente, pero se han ido consolidando en los últimos años experiencias exitosas de exportación, alentadas por los buenos precios que se consiguen a causa de que la temporada de mayor producción en el hemisferio sur coincide con la de mayor escasez en el hemisferio norte donde existe la mayor demanda, (particularmente en Europa). Además, se ha masificado el uso de la baba de caracol en la industria cosmética nacional e internacional. Por eso hoy es fácil encontrar compradores en toda la zona centro-sur de Chile, lo que hace de este, un producto novedoso y con buena demanda.
Las técnicas de cría intensiva del caracol, helicicultura, han conseguido pocos avances en términos de eficiencia, privilegiándose así las estrategias comerciales basadas en la recolección, todos quienes sufrimos esta plaga debemos preguntarnos ¿Debo hacer de ellos un negocio?
La recolección del caracol es muy sencilla. Si los agricultores propiciaran el ingreso de grupos locales a sus cultivos, controlarían de manera ecológica su problema y al mismo tiempo generarían una oportunidad de negocios e ingresos extras a las familias de la comunidad. Si quienes desean introducirse en la actividad se reunieran para sistematizar sus producciones, podrían incrementar volumen y calidad accediendo a mejores precios.
El caracol es un excelente ejemplo de cómo una mirada verde del desarrollo requiere de creatividad e innovación para tomar un problema y convertirlo en oportunidad.
Links:
Unión de Herticultores de Chile
Cultivo y Comercio del Caracol (Chile potencia alimentaria)












