Chile: La vida de los pelícanos en la caleta de San Antonio
Aunque muchas veces había visto pelícanos planeando sobre el mar, casi tocando las olas, este fin de semana pude compartir directamente con ellos en la caleta de San Antonio. Con vista a enormes barcos llenos de containers, estas aves comparten el día a día con los pescadores y trabajadores del sector, quienes los llaman cariñosamente “burros”.
Los burros son de lo más pacíficos. Se paran en los techos de los camiones y esperan pacientemente a que los pescadores dejen las sobras de su producción en el muelle, momento en el que la colonia, que son unos 300 animales, se pelea por comerse un pedazo de la piel de las jibias, o los interiores de las reinetas, o se quedan mirando tristemente las conchas vacías de los mariscos.
En todo caso la vida no es fácil, y según me contó uno de los trabajadores, cada día 3 ó 4 pelícanos mueren de hambre. Los cadáveres, lanzados a las rocas, son lanzados al agua, donde a veces, aseguran en la caleta, son engullidos por los lobos marinos, o se quedan pudriéndose hasta que alguien los arrastra al mar con una manguera.
Los que mueren son los jóvenes, mientras que los más viejos “se van al mar”, me dijeron, a cazar y alimentarse y encontrar pareja. Luego vuelven las pelícanas preñadas e instalan sus nidos en algún lugar desconocido por los pescadores. Los jóvenes que todavía no saben emigrar al mar se quedan en la caleta, sufriendo el hambre y esperando la comida sobrante de las faenas.
Si bien con simpáticos y pacíficos, no se dejan tocar, y al acercárseles un humano atacan con la punta de su largo pico, que tiene una especie de uña con la que rasguñan caras. No tienen fuerza para apretar, pero la herida puede ser profunda.
Aunque su vuelo es espectacular sobre el mar, en tierra son torpes y caminar pingüinesco los hace perfectamente atrapables. En la siguiente foto un lobo marino capturó a uno y, después de zamarrearlo un rato, lo dejó libre. Pareció ser sólo por molestarlo, por jugar.
Fotos: David Montolio
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3 Comentarios
Chile: La vida de los pelícanos en la caleta de San Antonio
David como siempre horrible la redacción, además de que esta nota no es más que una anécdota. Bonitas fotos eso si.
Respondera mi me gusto bastante leerlo en todo caso...
Responderpero me parece injusto qe mueran de hambre por culpa del mismo hombre que extrae todo lo del mar dejandolos sin comer y aun sabiendo eso le tiran sobras... qe lamentable.
estan perfectas las tomas =) saludos..
Fernanda.... no se mueren de hambre porque extraemos "todo" lo del mar.. sino porque al alimentarlos no desarrollan su sentido de supervivencia, es decir, no cazan. Sucede tambien con las gaviotas, que por culpa de los descartes arrojados por barcos y buques, su crecimiento (poblacional) se ha visto acelerado afectando la competencia con otras aves marinas.
ResponderLos que mueren son los jóvenes, mientras que los más viejos “se van al mar”... esa frase explica todo....
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