
¡Que comience la temporada de huertas!
Se viene el verano en el Hemisferio Sur y hay que tomar la decisión de si plantar o no. ¿Cuál vas a tomar?
¿Han comparado alguna vez el sabor que tiene un tomate comprado en cualquier supermercado con uno de una feria orgánica? ¿Han visto la diferencia de color? ¿de sabor? ¿de olor? Les hago estas preguntas porque se viene el verano en el hemisferio sur, la temporada indicada para preguntarse si uno quiere seguir comiendo verduras y frutas con sabor a nada o realmente comenzar a saborear esos tomates rojos y jugosos. Porque para hacerlo, sólo hay una manera: Hacer tu propio huerto (bueno, en realidad hay dos, la otra manera es ir a comprarlos a las ferias orgánicas, pero mucho mejor tener tu huerto en tu propia casa).
Tener una plantita que te da tomates, ají, albhaca o menta o cualquier otra cosa que quieras plantar y verla crecer y brotar desde que era una semilla hasta finalmente comerte ese tomate en una ensalada, es un proceso lento, pero muy lindo y que vale la pena de todas maneras, porque realmente tiene un valor que va mucho más allá de la plata, de lo que cuesta comprarse un tomate en el supermercado a tener que comprar la tierra, prepararla, plantar la semilla, regarla, cuidarla. Son dos cosas completamente distintas y que no pueden ser comparadas. Es como cuando gente me cuenta que va a ir a Machu Picchu pero no saben si hacer o no el Camino del Inca. Hay personas que no lo hicieron y dicen que no vale la pena. Yo lo hice, y la verdad es que llegar a este lugar sagrado luego de caminar durante cuatro días con tu mochila al hombro tiene un carácter bastante más épico, más místico que llegar en un tren hasta casi la entrada del parque mismo. El sabor de esa victoria, de haber logrado el camino y tener finalmente esa recompensa es impagable y vale la pena cada mal rato y cansancio que te haya podido generar una caminata de esa envergadura. Con los huertos pasa igual.
Por eso sólo tú puedes saber si realmente te interesa hacer todo ese esfuerzo, en el que tendrás que invertir dinero, tiempo y trabajo, para comerte un tomate natural, o si prefieres ir al supermercado y comprar los que tienen ahí. Está en tus manos.
Aníbal Valenzuela
Editor de VeoVerde, periodista, músico y Dj. Reparte su tiempo entre la escritura, ayudantías, producción de fiestas, partidos de fútbol y por sobre todo la música. Toca en la banda de reggae The Zulus y pone música en distintos lugares de Santiago bajo el nombre de DJ Play. A veces, cuando no está haciendo cualquiera de estas actividades, duerme un poco. En twitter es @el_brader




4Comentarios
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Juliánhace 2 años
Hola Aníbal, Que alegría leer tus palabras desde el huerto latinoamericano, con la energía de Los Andes y el tiempo cíclico de la agricultura urbana. También te felicito por promover la experiencia de trabajar con las manos al interior de la tierra, en esta Época de los Nuevos Brotes y la cercanía de los Frutos en Abundancia. Sólo quiero agregar a tu texto la posibilidad de generar nuestro propio abono natural o sustrato al reciclar los desechos orgánicos domiciliarios, institucionales, comunitarios y públicos. Así nos saltamos la etapa de "comprar la tierra" y nos acercamos a una educación para la sostenibilidad. Un abrazo grande desde el huerto y vamos sembrando, Julián
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Jacintahace 2 años
Quiero una huerta!! pero vivo en departamento!! y no, no tengo terraza
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Juliánhace 2 años
Jacinta, aparte de los huertos urbanos domiciliarios existen los huertos comunitarios, institucionales y públicos, por lo que no contar con terraza en tu departamento no necesariamente es una limitante para sembrar en la ciudad. Podrías empezar conversando con tus vecinos para crear un huerto en espacios comunes subutilizados, sino el paso siguiente y natural es la vereda. Ánimo! Un abrazo y saludos, Julián
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Nicolehace 2 años
No hace falta una terraza! aquí va una solución (: http://www.youtube.com/watch?v=ugc71yhAfV0&feature=related http://www.windowfarms.org/whatisawindowfarm