
Chile: Contra las cuerdas
¿Qué diablos hace un ecologista hablando de política?
¿Qué se puede hacer cuando el rechazo a las decisiones de Gobierno es tan alto y la credibilidad en sus capacidades baja día a día? No es un problema “político” en el sentido tradicional, ni de la coalición que hoy ostenta el poder.
Un escenario así nos afecta a todos y hoy es un obstáculo de proporciones mayúsculas para cualquiera que –desde la sociedad civil- requiera interlocutores para sus demandas.
Mi preocupación es grande, por cierto, cuando de fondo veo que este “bajón” es mantenido y se funda en una creciente desconexión entre las demandas de la sociedad civil en sus multiplicidades y quienes hoy deben tomar decisiones. El “para hacer tortillas hay que romper huevos” que trajo de la mano Sebastián Piñera en sus primeros días, ha resultado por colapsar gravemente la credibilidad, por la escasa capacidad del gobierno de sintonizar sus decisiones, en términos de transparencia y accountability.
Lo menciono por el impresionante nivel de sospecha que hoy se ha levantado –y con razón- sobre el conjunto de actores que hoy cuestiona la evaluación ambiental, la imparcialidad de las autoridades, y la credibilidad de los sistemas que –se supone- están ahí para garantizar a perpetuidad el bienestar de todos. Ralco, Hidroaysén, Castilla, Cuervo, Alto Maipo, Campiche, y hasta las centrales eólicas han “fallado” en sus caminos como “soluciones energéticas” para todos y por el bien de todos. En efecto, mientras escribía esta columna de opinión, este mismo sitio publica la noticia respecto del informe que denuncia graves irregularidades en la aprobación de las represas.
¿Qué diablos hace un ecologista hablando de política? Convengamos que me resulta imposible no reconocer que hoy la imposibilidad de interlocución es –también- un problema para la ecología. ¿Qué hacer frente a la inminente reunión del comité de Ministros para evaluar el proyecto HidroAysén? ¿Solicitar apoyo para insistirles a los señores ministros escuchen la opinión de la “amplia mayoría” y sopesen las cientos de razones para re-evaluar el proyecto de Hidroaysén completamente? ¿Cómo movilizar en esa línea de defensa del patrimonio a miles de miles de Chilenos que están legítimamente indignados con un Gobierno que dijo resolver los problemas del pasado pero que cada día se acerca vertiginosamente a sus antepasados?
La solución es simple y debe venir desde quien hoy tiene el poder. Y, por cierto, de quienes están hoy postulando a recobrarlo o ganarlo por primera vez. Son señales de sintonía. Señales de una interlocución, de preocupación. Una frase, acompañada de gestos y acciones concretas que desafíen ese status quo perverso que dice que en pos del progreso se vale contaminar ríos, represarlos, secarlos para el monocultivo forestal, carbonizar las exportaciones, bailar al ritmo de la minería que exige más libertad de acción con la ya escasa agua, transgenetizar privatizando la agricultura, etcétera.
Se nos vienen las elecciones municipales y honestamente las elecciones presidenciales ya empezaron hace rato. ¿Qué falta para hacerles entender que incorporar una visión de sustentabilidad social y ambiental en sus discursos y acciones, señores candidatos, es el futuro de su rubro? Hoy su credibilidad está en peligro de extinción; Candidato, Candidata, ayúdanos a ayudarte.
Matías Asun
Director Ejecutivo de Greenpeace en Chile. Es psicólogo y se ha especializado en gestión de redes, trabajo comunitario, desarrollo territorial a escala humana y superación de la pobreza. Ha descubierto que es un hippie tecnológico. Usa linux por principio. Es colaborador de varios medios digitales, de radios y es parte de la comunidad de Comunitarios.cl. En twitter es @matiasasun






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