San Fermín o la venganza de los toros

La tauromaquia y toda la tradición que encierra ha sido motivación para las más diversas formas de arte en la cual la relación sado-masoquista siempre está presente.

Lidiar con toros es una tradición que se remonta a la Edad de Bronce. Es una antigua muestra de fuerza, valentía y virilidad, según lo explican los fanáticos de la tauromaquia, concepto que reúne a todas las prácticas relativas al fabuloso animal, siendo las corridas la más moderna y sanguinaria, celebrada desde el siglo XII en España, por lo que en Latinoamérica también fueron reproducidas luego de la colonización.

Los festejos son buena parte de esta tradición taurina y tienen diversas formas de ser llevados a cabo, todas con la marcada relación dialéctica del más y menos fuerte. Este juego de poder que inmediatamente alude a figuras sado-masoquistas, ha sido plasmada en el arte. Tanto así que muchos creadores se inspiraron y se inspiran en lo que para personas supuestamente menos "sensibles" es lisa y llanamente abuso y maltrato animal.

Federico García Lorca manifestaba su abierto apoyo y gusto por la tauromaquia: «El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo».

Sin ir tan lejos, Vargas Llosa es un taurino declarado, amigo del cazador eximio y monarca español, Juan Carlos,  hace muy poco tiempo refrendó su apoyo irrestricto a las corridas de toros que comparó con la poesía, la música y la novela. Recibió el premio de Bodeguero Mayor del Reyno en la fiesta de Sanfermín en 2005.

La idea estética feroz y trágica de la tauromaquia encierra una cultura que tiene como parámetro de belleza la violencia y la supremacía del hombre por sobre la bestia atendiendo al "cristiano" mandato de Dios:  "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra", condenandonos a un reino que en su ignominia tiende al abuso injusto y la arrebatada indolencia.

San Fermín, es una celebración que se lleva a cabo en Pamplona, la capital de Navarra y que consiste en el encierro de una no muy numerosa manada de fieros toros en un perímetro de calles, donde personas, a estas alturas de todas las latitudes, corren delante de las bestias intentando salvar de una certera cornada hecha por las astas.

Cada mañana se realiza este evento con miles de hombres vestidos de blanco con un pañuelín rojo al cuello. Por lo general, los mejores corredores intentan correr lo más cerca posible de los toros, pero sin llegar a tocarlos, pero año a año son varios los heridos. De hecho se contabilizan 16 desde que comenzó la festividad este sábado 7  y que durará hasta el sábado 14.

Fugado, un toro de 545 kilos, lideró la carrera en la jornada de hoy, echándose a los cuernos a siete corredores menos diestros y fuertes que él, dejando en claro que sin cuchillos, lanzas, o esgrimas, son los vencedores en un combate en donde el humano solo tiene la chance de arrancar para librarse de su poder.

Sanfermín como la venganza de los toros, deja en claro quien es el que manda sin herramienta mediante, siendo el episodio que hace de la tauromaquia un arte secundario y experimental que bien pudiera ser un caso de estudio lacaniano para el regocijo de los animalistas y segura vergüenza para sus muchos y entusiastas defensores.

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