¡Te presentamos el hermoso Jardín Vertical de Betazeta!

Estuvimos en permanente seguimiento de lo que Carolina Masoli y Cristina Kunstmann hacían para dejar nuestras oficinas llenas de vitalidad y naturaleza. Acá el testimonio de estas ecólogas y arquitectas del paisaje.

Lo más impactante de cuando nos cambiamos a las oficinas nuevas de Betazeta fue su entrada. Sí, la espectacularidad de un jardín vertical nos hacía de inmediato compenetrarnos con una filosofía de trabajo distinta, llena de vitalidad y energía natural. Pasaron los días, semanas meses e incluso un año, viendo cómo el proceso no era nada sencillo.

La creación de las ecólogas y arquitectas del paisaje, Carolina Masoli y Cristina Kunstmann, debía ser constantemente monitoreado. Los niveles de agua, de luz, las especies escogidas, fue parte de las complejidades. Muchos se involucraron en el asunto, partiendo por el ideólogo, Leo Prieto, y esmerados betagatos que se esforzaban por participar del prodigio.

Para saber más detalles de cómo se logró consolidar por fin este estupendo jardín, hablamos con las encargadas de darle vida y con eso a todos los trabajadores de Betazeta:

Veo Verde: En primer lugar me gustaría que me contaras ¿cómo surgió la idea de un jardín a la entrada de BZ y con qué criterio se formuló la elección de ciertas plantas?

 Carolina Masoli : La idea de hacer un muro verde a la entrada de Betazeta nació de Leo Prieto. Hace tiempo, mucho antes que se empezara con la construcción de la oficina en La Concepción, me encontré con él y me comento la idea de cómo tenía ya pensado hacer un muro  en la oficina, pero que necesitaba alguien que se hiciera cargo de las plantas.

VV: ¿Cómo se obtienen estas plantas, quienes son los proveedores, cuál es el impacto para el medio ambiente sacarlas de su entorno natural?

CM: La idea me encantó, y mientras el Leo me hablaba yo ya me imaginaba  la posibilidad de crear una rocalla valdiviana. A partir de entonces, con mi socia Cris, nos pusimos manos a la obra en la investigación sobre qué plantas nativas del sur de Chile podían andar bien en este lugar, considerando que era un desafío no menor ya que eran plantas que debían soportar un clima algo extremo a lo que estaban habituadas normalmente. Para esto contactamos a un viverista de Valdivia dedicado al estudio y cultivo de plantas autóctonas con quién fuimos eligiendo desde su experiencia y la nuestra, el mosaico de especies que confirmarían el muro verde.

 VV: ¿Cuáles fueron las principales dificultades del proceso?

CM: Hasta aquí todo bien; dos días antes de la plantación llegaron las plantas en cajas desde Valdivia, directamente desde el vivero a Betazeta, y el 1º de noviembre ya estaba todo plantado. Pero al día 3 empezaron los problemas; las plantas, que creíamos tan adecuadas, sufrieron un shock de cambio de ambiente, afectándoles fuertemente la falta de humedad del aire que había en la oficina. Por otro lado, y esto lo descubrimos después, el sistema de luces que alumbraba el muro no era suficientemente fotosintético por lo que las plantas no lograban sobrevivir.

VV ¿Qué condiciones se tuvieron que adaptar para la sobrevida del cultivo?

CM: Cambiamos los focos y comenzamos rápidamente a sustituir las especies que iban muriendo, por otras siempre nativas del sur, pero de distribución geográfica más amplia, que crecen también en la zona central de Chile; pero éstas tampoco lograban sobrevivir. Fue un problema, porque teníamos un ambiente de poca luz y a la vez, muy baja humedad del aire, dos condiciones que en la naturaleza son contradictorias.

Pasamos varios meses de harta frustración, probando y probando distintas especies que pudieran resistir a estas condiciones inventadas, hasta que finalmente nos dimos cuenta que las plantas de carácter tropical mostraban una mejor adaptación al ambiente de interior, siempre y cuando se rociara constantemente durante el día, labor que ha llevado a cabo invariable y fielmente la Vivi.

VV. ¿Qué sorpresas se llevaron en este proceso que ya lleva nada menos que un año? 

CM: La verdad es que no logramos recrear una rocalla valdiviana y hoy la única especie nativa que ha logrado adaptarse es el Cissus striata (voqui), una liana que mágicamente va creciendo entremedio de las otras plantas. Pero sí ha sido muy enriquecedor descubrir muchas otras especies introducidas  que se han adaptado maravillosamente y que no esperábamos que lo fueran a hacer,  como por ejemplo, Heuchera, Isolepis y el helecho Woodwardia, por ser de uso exterior.

Por otro lado, como hasta el momento hemos estado con un sistema de iluminación no tan apto para el desarrollo vegetal, estamos probando nuevos equipos led de la empresa Faro barcelona que aportan mejor y mayor calidad de luz para el desarrollo de las especies, con lo que esperamos mejore mucho más todavía.

A un año del muro verde, estamos sintiendo al fin que esto agarró forma, pues finalmente se logro cubrir de verde y una Heuchera sanguinea nos está regalado su primera flor, que se desarrollo y emergió absolutamente en este jardín, lo que indica que claramente se le está dando todo para ser feliz.

 5. ¿Qué importancia tiene para ustedes como profesionales? 

CM: Este proyecto nos ha dado mucha experiencia y aprendizaje, era nuestra primera vez con algo así y creemos que la perseverancia y dedicación es lo que más nos ha identificado y nos hace sentir que todo este tiempo de prueba y error al fin está dando sus frutos. Y lo vemos porque toda la gente de Betazeta nos lo dice; que están súper agradecidos.

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