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En estos casos, la ubicación y tamaño de la turbina es clave.

Estudios realizados en la década de los ochentas en granjas eólicas de California y España mostraban un “excesivo” número de muertes entre seis especies de rapaces, incluyendo águilas y buitres. La evidencia sugería que la mala planificación y diseño de la turbina eran las causantes de estas muertes. Hoy se cree que menos turbinas, pero de mayor tamaño, y ubicadas lejos de las rutas migratorias de las aves, reducen significativamente el riesgo de muerte.

Los murciélagos, a pesar de su capacidad de sonar que les permite evitar los objetos en movimiento, son susceptibles a la barotrauma, una especie de desorientación causada por el rápido cambio en la presión de aire producto del movimiento de las hojas de la turbina. Una cantidad inusitadamente alta de murciélagos muertos se ha registrado durante la última década.

“Una reciente revisión del problema presentó no menos de 11 hipótesis sobre lo que podría estar contribuyendo a estas fatalidades”, expresó la publicación Common Concerns about Wind Power del Centre of Sustainable Energy (CSE) de Bristol. “Claramente, aun se requiere una gran cantidad de investigación al respecto”.

Con respecto a la muerte de aves, el informe señala: “La turbinas de viento representan una insignificante fracción del número total de pájaros muertos por culpa de objetos construidos por el hombre”. De acuerdo con la CSE, por cada ave que muere en una turbina, otras 5.820 (en promedio) son asesinadas por edificios, específicamente a causa de los grandes ventanales que poseen.

Sin embargo, hoy las leyes de planificación en el Reino Unido indican que las evaluaciones sobre daño a murciélagos y aves debe ser parte del proceso de solicitud de permisos para turbinas. “Si las granjas eólicas se ubican lejos de rutas de migración masiva y de alimentación, lejos de las aéreas de reproducción y cría, es  probable que el peligro que enfrentan estas especies de aves sea mínimo”, señaló la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB). La organización se dedica cada año a revisar cientos de solicitudes de permiso para granjas eólicas y así determinar el impacto que tendrán en la visa silvestre local. Anualmente se rechaza cerca del 6% de las solicitudes debido al peligro que representan para las poblaciones de aves. Si los emprendedores están dispuestos a corregir su planificación y así reducir el impacto (sobre las especies de aves) a niveles aceptables, la RSPB retira sus objeciones, en otros casos, continua firma en su oposición al proyecto.

De todas formas hay grandes vacíos en el conocimiento y entendimiento de cómo las turbinas afectan la vida de las poblaciones de aves y murciélagos. “El impacto ambiental de los parques eólicos necesita ser monitoreado, y las políticas y prácticas deben ser adaptables, indica la RSPB.

Fuente: Wind myths: Turbines kill birds and bats (The Guardian)