Un llamado al Empresariado Chileno: Hacia una Corporación Sustentable

Un llamado al Empresariado Chileno: Hacia una Corporación Sustentable

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Nunca seremos desarrollados si destruimos a la naturaleza que nos acompaña, nos dice el candidato presidencial Alfredo Sfeir en esta columna.

Materializar la sustentabilidad de un desarrollo económico y social descansa principalmente en los hombros del empresariado chileno, junto a los emprendedores de negocio y sociales del país.  Un gobierno solo nunca llegará a concretar la sustentabilidad de la economía chilena.   Esto reclama una arquitectura institucional diferente de participación junto a los otros actores sociales (la ciudadanía).

Muchos tienen la imagen de que los empresarios chilenos no están interesados en los problemas ecológicos y medioambientales y menos aún en alcanzar la sustentabilidad del desarrollo.  Otros dicen que los empresarios no adoptan un sistema de producción y comercio sustentable porque ello significaría perder competitividad dentro de los mercados nacionales e internacionales.  En mi opinión, todos estos argumentos están muy alejados de la realidad.

Hay muchos empresarios activamente envueltos en proteger y mejorar la gestión de los impactos externos negativos (en la ecología y el medioambiente) de sus corporaciones, haciendo una contribución neta positiva a que nuestra sociedad y la de sus hijos/nuestros hijos sea sustentable.  Y, hoy, con la tecnología y los procesos de producción y comercio disponibles hay cientos de formas de aumentar significativamente los retornos en lo económico, financiero, competitividad, y sustentabilidad.  Esto no es una utopía.

Un ejemplo de ello, son las Empresas B cuyo gran objetivo es la sustentabilidad y la solidaridad.  En resumen, mejorar el impacto de la empresa en lo ambiental y lo social, junto con cooperar en un aumento de bienestar neto a través de lo empresarial.

Hoy, en el mundo hay 775 Empresas B que están certificadas en 27 países. En Chile, existen 40 de estas empresas certificadas y 190 en proceso de acreditación.  Chile, Argentina, Brasil y Colombia tienen Empresas B.

Desde el punto de vista de un horizonte corporativo de mediano y largo plazo, la corporación sustentable, la corporación verde, no es una opción más para los empresarios.  En mi opinión, es el único destino, y estoy convencido que los empresarios y emprendedores lo saben.  Lo sienten en su piel.  Este es un tema fundamental dentro de varias áreas que debemos abordar.

En la definición de estrategias de negocio, es evidente que los empresarios estén interesados en seguir las tendencias macroeconómicas del país y del mundo entero.  Sin embargo, parece cada vez más evidente que es importante incorporar también las tendencias medioambientales (entendidas en su sentido amplio) a nivel tanto macro como sectorial.  Estas tendencias tienen y tendrán tanta importancia como las cifras macroeconómicas tradicionales.

La macroeconomía y la macro-sustentabilidad están tomando caracteres muy similares e interdependientes en determinar el ambiente externo de los negocios chilenos.  De hecho, la macro-sustentabilidad se ha transformado en una condicionante de muchos aspectos y variables macroeconómicas como lo muestran, por ejemplo, los aspectos de comercio internacional y cambiario en materias de explotación de minerales y materias primas.

Es por eso que hoy parece muy relevante compartir varias razones que apoyan la visión y la práctica de una corporación, un empresariado y una gestión verde.

Primero, sabemos que es esencial para una corporación ganar nuevos mercados a nivel internacional.  Dado que las barreras al comercio global de la economía chilena son bajísimas o nulas, para nuestros empresarios lo más importante es ganar nuevos mercados.  Esta dimensión es esencial y constituye el beneficio mayor de los tratados de libre comercio.

Sabemos que Chile está inserto voluntariamente dentro de un sistema neo-liberal de libre comercio pero, en la práctica, los países desarrollados e importadores de los productos chilenos no están totalmente exentos de barreras al comercio.  Ellos usan regulaciones que nacen de las presiones que ejercen los consumidores organizados y la sociedad civil dentro de esos países.  Por ejemplo, ellos reclaman que los productos extranjeros deben cumplir con ciertas normas como la certificación de origen de los productos pesqueros chilenos que se venden en Europa.  Otro ejemplo se relaciona con los orígenes transgénicos de nuestros productos agrícolas.  Recientemente,  Alemania y Francia rechazaron la importación de miel chilena porque las abejas libaron en flores de plantas transgénicas.  Y este no es el único ejemplo, Alemania rechaza semilla transgénica importada desde Chile.

Por lo tanto, en el futuro, las empresas chilenas ganarán mayores mercados solamente cuando sean entendidos como sustentables en muchos sentidos.  Este tema se ha transformado en una especie de barrera, de filtro importante al libre acceso de mercados importantes para Chile.

Segundo, dentro de nuestra industria exportadora (industrial, pesquera, agrícola, minería, forestales) la dinámica de la competitividad econa en el mediano y largo plazo depende exclusivamente de como nosotros definimos el acceso, apropiación, uso y manejo de nuestros recursos naturales renovables como no-renovables.  La competitividad económica chilena está enraizada en  nuestros recursos naturales y medioambiente.  Por lo tanto, una mala asignación, manejo y uso de estos recursos arruinará a todas las corporaciones envueltas en nuestro comercio internacional (celulosa, pesquera, minera, agroindustrial, vitivinícola, frutícola, alimentación). 

Hoy, la competitividad de la economía se ha transformado en una materia de bien público.   Sería una ceguera grave no ver este fenómeno.  Somos una economía basada en nuestros recursos humanos y naturales.

Tercero, las corporaciones también deben ser verdes dentro de sí mismas y en relación a sus impactos externos en el ambiente y la ecología de la población inmediatamente aledaña a dichas corporaciones.  Esto tiene mucho que ver con el trabajo decente y los impactos que los procesos industriales tienen en la vida y salud de los trabajadores.  En corporaciones tan grandes como la General Motors esto es un tema de primordial importancia: donde se dice que el costo total en salud de sus trabajadores es mayor que el costo de todas las materias primas para producir los automóviles.  Esa es una pérdida inmensa de competitividad.  Este es un tema que no podemos abandonar y de gran importancia para las personas que trabajan y sus asociaciones.

Cuarto, a medida que se organiza la sociedad civil chilena, y ella se empodera a través de las comunicaciones sociales, ésta no aceptará que muchas empresas estén produciendo a costa de la salud y el bienestar de los que allí trabajan o de los que allí viven junto a las empresas.  Este es el caso de Calama, Aysén, Ventanas, Freirina…  Un tema candente donde los ciudadanos están sufriendo los impactos de la producción a través de la salud y el bienestar cotidiano.   No cabe duda que la comunidad organizada se transformará en el filtro de la competitividad y forzará a las corporaciones hacia una eco-competitividad a nivel interno.

Y así hay una lista larga de temas que van mostrando el por qué tenemos que transformarnos en el país más avanzado del mundo en una nueva forma de hacer un eco-empresariado y de corporaciones verdes. Ese es el verdadero sentido de decir que Chile es un país desarrollado.  Nunca seremos desarrollados si destruimos a la naturaleza que nos acompaña.  Hay que desarrollar el eco-emprendimiento para que este sea una parte integral del emprendimiento de negocios y social.

Durante la última Cumbre de la Tierra (Rio +20), el tema de las corporaciones verdes fue uno de los únicos en que hubo un acuerdo casi total entre los países presentes, incluyendo a Chile.  Donde se acordó pedirle a las corporaciones que informen de sus huellas de carbono y otros aspectos específicos de sustentabilidad.

Desde un punto de vista del bien público, este tema de la sustentabilidad y empresariado es mejor abordarlo en sus comienzos que dejar que otros lo acoten y después someterse a ello, con una gran probabilidad de perder nuestra competitividad, particularmente en el corto plazo.

Hay muchas empresas en el mundo que han ganado millones de dólares como resultado de su reverdecimiento a todo nivel.  Como han sido las industrias de las alfombras industriales y la eliminación de muchos químicos y elementos basados en el petróleo.  Como han sido las industrias que han creado las pinturas al agua.  También, como Wal Mart que ahorró más de 50 millones de dólares al año en un programa de ahorro de energías.

Si uno revisa los sitios de la internet de muchas corporaciones internacionales allí se informa de las ganancias netas financieras de compañías que han ido enverdeciendo sus procesos propios incluyendo al Bank of América, Dupont, General Electric, McDonald’s, Home Depot, Starbucks, Coca-Cola, Toyota, Dell y muchas otras.   Según la universidad del MIT la motivación de estas compañías es variada e incluye por ejemplo su imagen, ahorros, competitividad, satisfacción de sus trabajadores, innovación tecnológica, servicios, manejo efectivo de riesgos, nuevas fuentes de liquidez, etc.

Esto llama a una serie de acciones inmediatas en relación a:

  • la asignación de recursos a proyectos verdes,
  • el mandatar a gerentes a crear e implementar este tipo de proyectos,
  • el cambiar los índices de eficiencia y eficacia corporativa donde los objetivos de sustentabilidad sean atendidos, y
  • el definir niveles y horizontes de evaluación corporativa que incluyan los aspectos de sustentabilidad a todo nivel.

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