¿Quieres frenar el cambio climático? Entonces hazte vegetariano y ten menos hijos

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Junto con vivir sin auto y evitar vuelos largos en avión serían más efectivos que otras medidas como reciclar y cambiar las ampolletas de la casa.

Nosotros también podemos hacer algo para frenar el cambio climático, no sólo los políticos. Mientras varios líderes mundiales intentan convencer a Donald Trump de la importancia de que Estados Unidos siga dentro del Acuerdo de París, hay varias acciones simples y radicales que podemos adoptar para reducir el impacto de este grave fenómeno climático.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, muestra cuáles son las cuatro acciones individuales más efectivas en la lucha contra el cambio climático. En orden de importancia, éstas serían: tener menos hijos (al menos uno por familia), no tener un vehículo, no viajar en avión (vuelos largos) y tener una dieta vegetariana.

“Aquellos que quieran dar un paso adelante en favor del cambio climático necesitan saber la repercusión de nuestras acciones, y cómo éstas pueden tener el mayor impacto posible…Esta investigación trata de ayudar a la gente a tomar decisiones más informadas”, afirma Seth Wynes, investigador de la Universidad British Columbia.

Así, por ejemplo, vivir sin automóvil ahorra cerca de 2,4 toneladas de dióxido de carbono al año, mientras que llevar una dieta vegana ahorra 0,8 toneladas. “La dieta vegetariana es cuatro veces más eficaz que las estrategias de reciclaje integral y ocho veces más que la de cambiar las bombillas domésticas”, agrega el profesional.

Reducir la familia también sería útil ya que cada niño produce 60 toneladas de CO2 al año. Mientras que evitar vuelos largos permitiría ahorrar 1,6 toneladas de emisiones de dióxido de carbono cada año. De esta forma, tener en cuenta estas acciones y aplicarlas pueden significar una importante ayuda para empezar a frenar el avance del cambio climático.

“Reconocemos que estas son opciones profundamente personales. Pero no podemos ignorar el efecto climático que realmente tiene nuestro estilo de vida”, afirma Kimberly Nicholas, de la Universidad de Lund, una de las coautoras del estudio.